the diving bell and the butterfly (2007)

by zEke

the diving bell and the butterfly posterSentado en la cómoda butaca de un cine uno se limita a disfrutar de la película mientras, en silencio, es constantemente bombardeado por pensamientos a veces aleatorios, otras veces no, derivados, si hay suerte, de lo que acontece. Si no hay suerte, vete a saber en lo que uno llega a pensar para combatir el tedio. Y, curiosamente, pensaba yo en esto mientras veía the diving bell and the butterfly. ¿Por qué? Quizás porque su protagonista no deja de ser un ejemplo de ello. Aunque sus diálogos internos no son fruto de una serie de fotogramas ni él está sentado en la cómoda butaca de un cine, sino de una realidad que lo ha condenado al ensimismamiento en la habitación de un hospital. Esa dualidad, al igual que en johnny got his gun (1971), está brillantemente retratada en la última película de Julian Schnabel.

Después de sufrir una apoplejía y pasar tres semanas en coma, Jean-Dominique Bauby (Mathieu Amalric), afamado editor de la revista Elle, despierta en un hospital de Berck, en la orilla francesa del Canal de la Mancha. Hospital, por cierto, con un personal femenino que ya lo quisieran para sí algunas agencias de modelos. Allí, es informado de que a pesar de que su cuerpo está totalmente paralizado, sus funciones cerebrales están intactas, por lo que su cuerpo se convierte en una prisión para su conciencia. Con la ayuda de una de las enfermeras aprende a comunicarse con el mundo mediante el parpadeo de su ojo izquierdo, hasta el punto de que es capaz de escribir su biografía. Continue reading

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i’m not there (2007)

by zEke

i’m not there posterEn 2005 Martin Scorsese dirigió no direction home: bob dylan (2005) un maratoniano documental, maltratado por muchos, que dibujaba sin pena ni gloria, pero con la inolvidable música del polifacético artista de Duluth, Minnesota, la metarmorfosis que experimentó entre 1961 y 1966. De cantante folk a cantante protesta primero, de icono de una generación a estrella del rock después. En 2007, y coincidiendo con dylan (2007), el enésimo recopilatorio del susodicho (al que habría que añadir la banda sonora de la película que nos ocupa) nos llega i’m not there, una esquizofrénica y metafórica pseudo-biografía, incompleta eso sí, del cantautor, dirigida por Tod Haynes, quien no ha querido esperar a su epitafio para rendir homenaje a uno de los personajes más influyentes de la segunda mitad del siglo XX (allí donde ha llegado su poesía, entiéndase). Aunque no nos engañemos, i’m not there, al cine, la irán a ver sólo aquellos que gustan de su música, y presumen de ello.

La historia gira en torno a seis personajes que pretenden ser Bob Dylan, pero que no lo son. Seis personajes que representan diferentes aspectos de la vida del artista. Aspectos estos, que son la mar de importantes para entender su obra. Como en cualquier colección de cromos que se precie, tenemos de todo. Woody (Marcus Carl Franklin) es un niño afroamericano sabelotodo, Jude (Cate Blanchett) es un artista de vuelta de todo, Jack (Christian Bale) es un cantante de folk comprometido, Arthur (Ben Whishaw) es un poeta, Robbie (Heath Ledger) es un marido y padre de familia agotado, y Billy (Richard Gere) es un superviviente. Como el título bien indica están todos, menos el anfitrión.

Haynes, escritor y director, opta por un formato calidoscópico para contar su historia. No contento con sus seis cromos, trenza sus historias mediante un guión desordenadamente ordenado que recuerda a lo que Charlie Kaufman nos tiene acostumbrados. Me atrevería a decir que esto tiene su importancia en el hilo argumental de la película, si lo hubiere, al margen claro está del que pueda construirse a partir de un personaje seis veces degenerado. Así, unas cosas nos las dice a la cara, otras a la espalda, y la mayoría, simplemente, no nos las dice, nos las sugiere. El poder de sugestión de la cinta se alimenta, sobre todo, de un montaje que, menos de convencional, puede tacharse de cualquier cosa. Más de uno se perderá en el laberinto de imágenes en el que se convierte la película en más de una ocasión, pero lo cierto es que, en general, emana originalidad, frescura y descaro. Además de evidenciar lo mucho que le trae sin cuidado lo que puedan decir aquellos para los que no está echa esta miel.

La película está llena de referencias cronológicas que encuentran su lugar en el fondo de muchas escenas. Algunas de estas referencias rozan la inverosimilitud, algunas no. Richard Nixon, The Beatles, Janis Joplin y Vietnam son algunos de los invitados a la fiesta.

Mención aparte merece el hilo musical. Un sinfín de canciones, todas ellas escritas por Robert Allen Zimmerman aunque interpretadas por otros, pues como ha quedado claro ya, él no está. Éstas no se limitan simplemente a sonar y son, casi siempre, no sólo pertinentes a lo que se nos está contando, sino que me atrevería a decir que, en ocasiones, necesarias para entenderlo.

Resumiendo, que es gerundio, una película que hará las delicias de cuantos gustan del premio Príncipe de Asturias de las Artes 2007, y de algunos cinéfilos también, pero que irremediablemente será incapaz de herir la sensibilidad del vasto resto. Yo formo parte de los primeros.

Para las deadhours de los se saben producto de múltiples personalidades.

deadhours: γood

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the assassination of jesse james by the coward robert ford (2007)

by zEke

the assassination of jesse james by the coward robert ford posterEl Western parece estar de moda, una vez más. ¿Cuántas ya? Después de 3:10 to yuma (2007) nos llega, aunque con menos presencia, la segunda película de Andrew Dominik tras chopper (2000). Son pocas las similitudes entre ambas. Mientras la cinta de James Mangold pretende emular la acción presente en muchos de los clásicos del género, Dominik se aleja de sus estereotipos y nos sorprende con una propuesta intimista y reflexiva para dibujar con su cámara los últimos días de vida de Jesse James. Hasta el punto de que si me hubieran dicho que Terrence Malick estaba detrás de la cámara, me lo hubiera creído. ¿Por lo aburrido?

the assassination of jesse james by the coward robert ford nos cuenta, ni más ni menos, lo que su interminable título nos sugiere, sin sorpresas de última hora. Jesse James (Brad Pitt) y su hermano Frank (Sam Shepard) se separan tras alcanzar el ocaso de su vida como pistoleros. En su deambular desde entonces Jesse se rodea de algunos de los miembros de su maltrecha banda, incluido el fiel Charley Ford (Sam Rockwell), quien acerca a su joven hermano Robert (Casey Affleck) a la figura del legendario pistolero, a quien idolatra.

No estamos ante una película de acción y, salvo el asalto al tren inicial y dispersos tiroteos en los que para nada se hace hincapié, la película se centra en la intensa relación entre James y Ford, en sus matices. Son sus conversaciones, así como su evolución los ejes fundamentales de una historia que depende en exceso de ellos. Es ahí donde Pitt y Affleck, que por suerte para él, y para el espectador, como actor nada tiene que ver con su hermano Ben, brillan. Pitt hace lo de casi siempre, interpretar a un hombre alfa, y lo hace bien, incluso me atrevería a decir que en algunos momentos más que bien. Nadie había acariciado el trigo con tanto cariño desde Maximus Decimus Meridius en gladiator (2000). Pero, y a pesar del reconocimiento que ha recibido Pitt en Venecia recientemente, es Affleck el protagonista absoluto por su capacidad de desenvolverse con soltura en un papel mucho más exigente.

Dominik utiliza inteligentemente la cámara para exprimir cuanta poesía emana de cada una de las escenas. Algo que se agradece al principio. El director neozelandés con el fin de rodear el largometraje de un aura reflexiva a la vez que oscura, desenfoca intencionadamente la imagen, juega con ligeras aberraciones cromáticas y se entretiene con solitarios paisajes panorámicos. Y todo esto funciona, lo hace durante más o menos media hora, que es el tiempo que uno tarda en darse cuenta que esos cuantos segundos de más en casi cada escena, se traducirán en una interminable historia de ciento sesenta minutos que se hace repetitiva y previsible, y no sólo por el título. La música, compuesta por Warren Ellis y Nick Cave, muy en la línea de las colaboraciones entre Clint Mansell y The Kronos Quartet, si bien preciosista, poco hace por rescatar la cinta de su parsimonia.

Una película larga, muy larga, y lenta, no muy lenta, pero sí sosegada. Aburrirá a más de uno, no lo dudo, y de ahí quizás su poco ambiciosa distribución, de momento. Las interpretaciones de Pitt y Affleck, y el trato de Dominik son todo lo que ofrece, y que sea mucho o poco, eso ya no depende de ellos.

Para las deadhours de los que gusten de leer imágenes.

deadrate: δair

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into the wild (2007)

by zEke

into the wild poster When I knew Sean Penn was up to adapt Jon Krakauer’s non fiction best seller about Christopher McCandless I tried to find a copy of the book in the library. The book had gone missing. Now that I have read the book and seen the movie I wonder where the missing copy and its “owner” were. Maybe he or she found the inspiration needed to go into the wild. Maybe not.

Who the heck is Cristopher McCandless? He was an Emory College graduate that literally decided to burn his bridges, gave all his savings to Oxfam and left life as most people in first world countries understand it to start a journey to Alaska, back to the nature we are so unattached from. On his way there he had time to kayak down the Colorado river, work as a farmer and fast food waiter, live in a hippie community, and make a huge impact on those people he found along.

The movie tells the story of McCandless (Emile Hirsch) in five different episodes since the moment he graduates until the moment he dies for starvation in an abandoned bus in the Alaskan wilderness.

Penn’s approach is as simple and objective as it could be. Simple, because he does not get lost in a labyrinth trying to find the reasons that brought McCandless to do what he did. Objective, because he focuses on his journey and forgets about the subjectiveness of the whys. It is true, though, that some of them might be found along the movie, mainly in the flashbacks that portray McCandless’ family environment. But it is also true that while McCandless’ journey is narrated by himself, those are narrated by his sister, thus being showed as her interpretation of the facts rather than his own tipping point.

Arguably, one the most remarkable aspects of the movie is the cinematography. Some landscape shots are breathtaking, not only because of their intrinsic beauty, but because of the way Penn is able to subtlety fit them within the movie, till the point that they somehow remind me of Werner Herzog. But Penn’s repertoire does not restrict to those. Many are the different editing techniques he uses to accentuate the essences behind the action. Some of them might even make some sick. The music, mostly composed by Perl Jam, is also worthy.

Emile Hirsch, who we will see soon in speed racer (2008), delivers a convincing performance, needed in a movie that follows him even when he is going to pee. William Hurt and Marcia Day Harden, who play Mr. and Mrs. McCandless respectively, are both brief and sharp. Katherine Keener and Vince Vaughn can be found also among the cast, both doing what they usually do best.

Two hours and a half might seem too long, but it is not for those the movie is made for thank to the well paced series of events. Of course the movie will offend many that are married to capitalism, being that marriage, in my opinion, neither good nor bad, just not the kind of marriage you want to cheat on with this one. McCandless was not trying to lecture anyone, just making his choices, and the movie succeeds at showing rather than delivering. Nevertheless, those who easily relate spiritualism to cheap philosophy should also avoid this one and instead read Tolstoy, Thoreau or London and learn something useful first.

What we have here is a movie about an interesting journey to a twenty something year old guy’s entrails, a journey that might question your own.

For the deadhours of backpackers.

deadrate: γood

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the elephant man (1980)

by zEke

the elephant man posterJoseph Carey Merrick was born in Leicester in 1962 with a rare medical condition that started developing at the age of five and turned him into a unique human being. Because of the extreme deformity this condition caused in his body he was given the nickname of “The Elephant Man”. He started a career as a sideshow attraction in both England and Belgium with different luck before he was given a permanent home at London Hospital by the physician Frederik Treves. Once there, he became a celebrity among Victorian bourgeoisie.

Mel Brooks seduced by the real story of Joseph Carey Merrick told in the books the elephant man and other reminiscences (1923) by Sir Frederik Treves and the elephant man: a study in human dignity (1942) by Ashley Montagu decided to produce a cinematographic adaptation of the life and death of John Merrick, as he was called by Sir Treves, purposely or not, in his book. Since he was well known as a comedian, and did want people to take the film seriously, asked a young David Lynch, who had only directed one film back then, to take care of the project, and he downplayed his involvement. After a promising debut with eraserhead (1977), the elephant man, which deserved 8 Oscar nominations, turned into the best letter of introduction for the American director.

As one might already expect the movie tells the story of John Merrick (John Hurt), “The Elephant Man”, a hideously deformed young man who works for a showman called Bytes (Freddie Jones) as a sideshow attraction. When physician Frederik Treves (Anthony Hopkins) discovers him, he manages to take him from Bytes and put him at London Hospital, where Bytes will not beat him up again but he will become a funfair for Victorian bourgeoisie.

I should say now, before I write further, that any resemblance of the events in this story to actual events is mere coincidence. Some of the characters did exist, so some of the events did happen, but the main purpose of the tape is to deliver a reflection on human nature rather than to be accurate. Thus, the script include new characters, such as Bytes, and events that never happened for the sake of the cinematographic adaptation, but, a priori, there is nothing wrong with that.

The movie pretends to be an introspection on how society behaves with those that are different and how sometimes apparently opposite attitude lead to strangely similar effects. The viewer will definitely compare the way Bytes and Frederick treat John, will think of the differences between physical and psychological violence, will think of Frederick’s leitmotif, will think of John’s composure, or will rather yawn and complain about the movie being in black and white.

John Hurt and Anthony Hopkins are both convincing, riveting the first, elegant the second. Unfortunately, the performances delivered by some of the extras, among who we can find the director if we look carefully, are far from mediocre, taking credibility away from some of the strongest scenes. David Lynch uses, as in his first movie, black and white to accentuate the dark side of the story. He manages to survive to the complexity of the adaptation getting away from most of what nowadays are known to be his trade marks, but still delivering a movie, which although not as personal as his latest ones, certainly touches you.

In the end a correct pseudo-biopic about the life and death of Joseph Carey Merrick that will always be remembered by the attention such an independent director as Lynch got from everyone, composer John Morris’ main theme, and John Hurt’s make-up.

For the deadhours of those who were laugh at in high school.

deadrate: γood

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