he was a quiet man (2007)

by zEke

he was a quiet man posterTiene uno la sensación de que últimamente tildar a una película de surrealista es sinónimo de calidad. Sobre todo si uno se atiene a los experimentos de Charlie Kaufman. Pues bien, no siempre es así, y a pesar de que el abanico de posibilidades es muy grande, pues parece no haber regla alguna, no todo vale. Anonanado me han dejado los primeros veintitrés minutos y cuarenta segundos de he was a quiet man. Sí, tiene un sinfín de ingredientes apetecibles, un pez que habla, un protagonista insólito, proyecciones mentales, hasta una realidad que se mueve a gran velocidad alrededor del protagonista, pero irremediablemente acaba por convirtirse en uno de esos platos difíciles de digerir.

No ayuda en nada Christian Slater, que no lo hace mal de feo, pero sobreactúa. Es incapaz de dotar a su esperpéntico personaje de credibilidad desde el principio, por lo que cuando finalmente se hace con él, que lo hace, a uno le cuesta perdonarle la ofensa inicial. Elisha Cuthbert, tres cuartos de lo mismo, aunque afortunadamente a años luz de, por ejemplo, the girl next door (2004), en la que con lucir palmito le bastaba. Aquí lo intenta pero se queda a medio camino en su afán por convencernos de su parálisis. Quizás distraído con tanta parafernalia visual fui incapaz de ahondar en ellos. Por la pantalla se pasea también, aunque de manera testimonial, William H. Macy.

Bob Maconel (Slater) podría perfectamente ser el primo marginado de Peter Gibbons, pero no lo es. Es un oficinista desencantado que planea asesinar a cinco odiosos compañeros de oficina día sí, día también, desde su patético cubículo. Llegado el día, alguien se le adelanta. Alguien en quien acaba descargando su revólver, salvando de rebote la vida de Vanessa Parks (Cuthbert), compañera de oficina de la que está ridículamente enamorado, y convirtiéndose en un héroe local.

Frank A. Cappello, quien dirigió a Vigo Mortensen en american yakuza (1993) y a Russel Crowe en no way back (1995), se apunta, después de unas vacaciones de doce años, al género de moda y dirige y escribe el bicho que hoy me ocupa. Cierto es que visualmente propone cosas interesantes, pero eso no justifica un largometraje. De hecho, un servidor mordió el anzuelo del tráiler, muy cuidado visulamente. Patina en su planteamiento inicial, aunque sería injusto no reconocer que se desenvuelve bién, debería decir mejor, retratando la relación que a raíz de los acontecimientos se establece entre Bob y Vanessa. De hecho, a partir del minuto veintitrés y cuarenta segundos la cosa mejora sustancialmente, hasta el punto de convertirse en una experiencia, si más no, entretenida. Entretenida hasta el final, momento en el que a más de uno se le quedará cara de tonto.

En definitiva, un sinfín de ideas que en manos de otro cocinero quizás hubieran resultado mejor. Y con esto no pretendo desmerecer la labor de Cappello, aunque con ese nombre no me estraña que no me gusten sus planteamientos.

Para las deadhours de los que mastican treinta y tres veces antes de tragar.

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