the history boys (2006)
by zEke
the history boys supone el salto de la reciente y aclamada obra de teatro homónima, de los escenarios a las pantallas, grandes y pequeñas. Salto que es cada vez más frecuente y que, en no pocas ocasiones, resulta atractivo por ser sinónimo de películas alejadas de los convencionalismos de la mayoría. Películas que tratan de alimentarse de lo sobresaliente de los dos mundos, pero que descansan sobre todo en el qué de los escenarios. Qué, que tanto en la una como en la otra firma el dramaturgo inglés Alan Bennett, quien vuelve a coincidir con el director de cine Nicholas Hytner después de the madness of king george (1994).
El tercer guión cinematográfico de Benett gira en torno a la dicha de ocho brillantes estudiantes de una modesta escuela de Sheffield. Un último semestre les separa de la posibilidad de ser aceptados bien en Oxford, bien en Cambridge, algo insólito en su escuela. Para ello cuentan con la inestimable y peculiar ayuda de dos profesores, Hector (Richard Griffiths) e Irwin (Stephen Campbell Moore).
Uno de los pilares de la película reside en el antagonismo entre Hector e Irwin. Antagonismo en los métodos de docencia. El primero incondicional del conocimiento y enemigo de oposiciones, el segundo en constante búsqueda de elementos diferenciadores, por encima incluso de la verdad objetiva. El desparpajo de los diálogos entre profesores y alumnos es ciertamente lo más sobresaliente de la carta, aunque no es sorprendente si uno tiene en cuenta el origen de los mismos. Diálogos que, en el mayoría de los casos, son capaces de sugestionar a cuantos son testigos de ellos, y que no pretenden dar lecciones. Diálogos acerca de como se administra la historia, de la importancia del conocimiento, del elemento femenino, en definitiva, diálogos con los que resulta fácil de empatizar.
Sin embargo, el experimento decae en cuanto el ingrediente homosexual entra en escena. Y lo hace por aburrimiento. No es que desentone, de hecho es previsible desde el principio, pero la manera de tratarlo acaba cansando por lo desmesurado y fuera de lugar. Lo inapropiado no del qué, sino del cómo.
De la obra de teatro original sobrevive también Griffiths, más conocido por ser el tío de Harry Potter, quien brilla en un papel que se conoce al dedillo. Brillantes son también las interpretaciones de los jóvenes que dan vida a los estudiantes, por frescas y descaradas.
En definitiva, una obra de teatro llevada al cine donde a pesar del disfraz sigue descubriéndose como la obra de teatro que es. Hytner parece no tener problema alguno con ello y, la verdad, yo tampoco.
Para las deadhours de los que saben que el saber no ocupa lugar y, en consecuencia, lo practican.
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