the painted veil (2006)
by zEke
Basada en la novela homónima del escritor inglés William Somerset Maughan, autor también de the razor’s edge (1944), the painted veil es la segunda adaptación cinematográfica de la susodicha, la primera con Greta Garbo y un guión mucho más imparcial. Pocas expectativas tenía yo puestas en esta adaptación y quizás por eso he tardado tanto en enfrentarme a ella.
Kitty Garstin (Naomi Watts) es una joven superficial en el Londres de principios del siglo pasado. Harta de su familia accede a casarse con Walter Fane (Edward Norton), un prometedor bacteriólogo que se enamora de ella a primera vista. Una vez casados viajan a Shangai, donde Fane trabaja. Allí, su soledad y su falta de amor por él la convierten en adúltera. Dicen que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, y así, Fane descubre su infidelidad y decide, como castigo, llevársela contra su voluntad al interior de China para luchar contra un brote de cólera.
Y aunque pueda parecer que he desvelado ya gran parte del argumento, nada más lejos de la realidad. John Curran, director, y Ron Nyswaner, guionista, despachan a conciencia un prólogo ciertamente previsible en cuanto a su desarrollo. Tanto, y tan conscientes son de ello, que no se entretienen en dibujarlo, y se limitan a esbozarlo inteligentemente. Para cuando Walter y Kitty abandonan Shangai, mediante simples esbozos que responden recursos harto frecuentes, somos conocedores de sus porqués y se antoja difícil sentenciar a ninguno de ellos. Y, a pesar de un epílogo del todo prescindible, el devenir de los acontecimientos no defraudará a nadie. Y esto es principalmente por el como. Curran y Nyswaner se sienten agusto en aguas de una historia de redención y rencores sosegados. Además, Curran, nos regala unas tomas preciosistas de la China en la que rodó al son de una música merecedora en su día de un Globo de Oro.
A pesar de que no se hace excesivo hincapié en el contexto histórico de lo que se nos cuenta, esto ciertamente bebe de la realidad que lo rodea. La crispación política y malestar ciudadano de la segunda decada del siglo veinte, sirven de antítesis del acercamiento tardío entre la pareja protagonista.
Norton, una vez más, está a la altura de las exigencias dramáticas de su personaje. Es ciertamente interesante el abanico de personajes, y casi siempre con holgura, a los que el actor se ha enfrentado hasta la fecha. Watts está igualmente a la altura, aunque su interpretación resulta menos natural, aunque esto tenga que ver quizás con un algo menos objetivo. Por ahí andan también Liev Schreiber, brevemente, y Toby Jones, interesantemente.
Un drama que olvidaré en breve pero que, sin embargo, es capaz de entretener y huir de lo lacrimógeno de sus primos hermanos.
Para las deadhours de los que creen en segundas oportunidades.
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