wristcutters: a love story (2006)
by zEke
wristcutters: a love story fue la gran revelación (por lo menos una de ellas) del pasado (2006) festival de Sundance con todo lo que eso significa, a veces mucho, a veces poco, a veces nada. Triunfadora como lo fueron en su día napoleon dynamite (2004) y the believer (2001). Como es normal en este tipo de producciones independientes, está hecha sólo para el paladar de unos pocos, a veces más, a veces menos, a los que seducirá sin hacer mucho ruido a pesar de sus altibajos. Y todo esto para dejar claro que si tus amigos te la recomiendan y a ti no te gusta, tranquilo, quizás no seas tú el bicho raro.
La película amanece con una escena digna de cualquier festival de cortometrajes. Una escena que, por sí sola, dice mucho y sugiere más. Sugiere durante escasos segundos, lo que tarda en comenzar la acción propiamente dicha. El cineasta croata Goran Dukic, cuyo pasado está esporádica aunque mayormente ligado al mundo del cortometraje, está detrás de este experimento surreal. Él firma un guión inspirado en un cuento de Etgar Keret y dirige un elenco de individuos que yo creía desaparecidos. De Patrick Fugit, por ejemplo, sabía más bien poco desde almost famous (2000). De Shannyn Sossamon sabía algo más, pero no por méritos propios de ella, sino debilidades propias de mí.
Zia (Fugit) se suicida para descubrirse en un dudoso paraíso lleno de suicidas que tiene poco de infierno, y menos de cielo. Allí descubre que su ex-novia también se ha suicidado y emprende su búsqueda en compañía de dos peculiares personajes, Mikal (Sossamon) y Eugene (Shea Whigham).
Tras el prometedor inicio, la cinta es capaz de seducir a la mayoría durante la media hora que tarda uno en familiarizarse con el universo que se nos presenta. Sin embargo, a medida que se desarrolla la historia, ésta pierde intensidad, como si de un romance veraniego se tratara y estuviéramos ya en octubre. Quizás Dikic se pierde ligeramente en el surrealismo de algunos de los ingredientes del pastel. Quizá, a pesar de lo poco convencional, se hace previsible. Quizás sea demasiado optimista. No sé. Por lo menos se deja ver, no dura mucho y Tom Waits anda por ahí, de incógnito, en el papel de un angel.
Con un disfraz, pero lo que aquí tenemos es la típica historia de quien buscando a una se encuentra a otra por el camino para darse cuenta de que es la otra la que le roba el corazón. Eso sí, el disfraz, oscuro, descarado y surreal, hará las delicias de los amantes del cine independiente, con mucho de comedia negra, cuyos cómos no dejan dormir a los más conservadores.
Para las deadhours de aquellos que quieren acabar con sus vidas pero no están del todo convencidos.
deadrate: δair
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