by zEke
En 2005 Martin Scorsese dirigió no direction home: bob dylan (2005) un maratoniano documental, maltratado por muchos, que dibujaba sin pena ni gloria, pero con la inolvidable música del polifacético artista de Duluth, Minnesota, la metarmorfosis que experimentó entre 1961 y 1966. De cantante folk a cantante protesta primero, de icono de una generación a estrella del rock después. En 2007, y coincidiendo con dylan (2007), el enésimo recopilatorio del susodicho (al que habría que añadir la banda sonora de la película que nos ocupa) nos llega i’m not there, una esquizofrénica y metafórica pseudo-biografía, incompleta eso sí, del cantautor, dirigida por Tod Haynes, quien no ha querido esperar a su epitafio para rendir homenaje a uno de los personajes más influyentes de la segunda mitad del siglo XX (allí donde ha llegado su poesía, entiéndase). Aunque no nos engañemos, i’m not there, al cine, la irán a ver sólo aquellos que gustan de su música, y presumen de ello.
La historia gira en torno a seis personajes que pretenden ser Bob Dylan, pero que no lo son. Seis personajes que representan diferentes aspectos de la vida del artista. Aspectos estos, que son la mar de importantes para entender su obra. Como en cualquier colección de cromos que se precie, tenemos de todo. Woody (Marcus Carl Franklin) es un niño afroamericano sabelotodo, Jude (Cate Blanchett) es un artista de vuelta de todo, Jack (Christian Bale) es un cantante de folk comprometido, Arthur (Ben Whishaw) es un poeta, Robbie (Heath Ledger) es un marido y padre de familia agotado, y Billy (Richard Gere) es un superviviente. Como el título bien indica están todos, menos el anfitrión.
Haynes, escritor y director, opta por un formato calidoscópico para contar su historia. No contento con sus seis cromos, trenza sus historias mediante un guión desordenadamente ordenado que recuerda a lo que Charlie Kaufman nos tiene acostumbrados. Me atrevería a decir que esto tiene su importancia en el hilo argumental de la película, si lo hubiere, al margen claro está del que pueda construirse a partir de un personaje seis veces degenerado. Así, unas cosas nos las dice a la cara, otras a la espalda, y la mayoría, simplemente, no nos las dice, nos las sugiere. El poder de sugestión de la cinta se alimenta, sobre todo, de un montaje que, menos de convencional, puede tacharse de cualquier cosa. Más de uno se perderá en el laberinto de imágenes en el que se convierte la película en más de una ocasión, pero lo cierto es que, en general, emana originalidad, frescura y descaro. Además de evidenciar lo mucho que le trae sin cuidado lo que puedan decir aquellos para los que no está echa esta miel.
La película está llena de referencias cronológicas que encuentran su lugar en el fondo de muchas escenas. Algunas de estas referencias rozan la inverosimilitud, algunas no. Richard Nixon, The Beatles, Janis Joplin y Vietnam son algunos de los invitados a la fiesta.
Mención aparte merece el hilo musical. Un sinfín de canciones, todas ellas escritas por Robert Allen Zimmerman aunque interpretadas por otros, pues como ha quedado claro ya, él no está. Éstas no se limitan simplemente a sonar y son, casi siempre, no sólo pertinentes a lo que se nos está contando, sino que me atrevería a decir que, en ocasiones, necesarias para entenderlo.
Resumiendo, que es gerundio, una película que hará las delicias de cuantos gustan del premio Príncipe de Asturias de las Artes 2007, y de algunos cinéfilos también, pero que irremediablemente será incapaz de herir la sensibilidad del vasto resto. Yo formo parte de los primeros.
Para las deadhours de los se saben producto de múltiples personalidades.
deadhours: γood
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Deseando, que también es gerundio, que llegue cuanto antes por aquí. Gracias por la review, me ha gustado.
Un abrazo!