ieri, oggi, domani (1963)

by zEke

ieri, oggi, domani posterLas comedias italianas, en general, están llenas de ironía y se jactan de ser capaces de reírse de sí mismas. Un buen ejemplo de ello es el trato que recibe la mujer en ésta, una pequeña gran película, suma de tres pequeñas grandes historias que poco o nada tienen que ver las unas con las otras, en cuanto a lo lineal se refiere. Y, menos todavía, en el contexto actual, en el que si una película nos cuenta varias historias diferentes, los protagonistas de cada una acaban siempre por jugar un papel importante en las historias de los demás. ieri, oggi, domani no es eso, es mucho menos y, a la vez, mucho más.

Tres son las historias con las que la película, dirigida por Vittorio de Sica, consiguió en 1965 su Oscar a la mejor película extranjera representando a Italia. Tres historias, interpretadas todas ellas por una exuberante, a la vez que excelente, Sofia Loren y un Marcello Mastroianni capaz de brillar a la sombra de la “donna” por excelencia. Dicen que Sofia ha sido únicamente mujer de un hombre, su marido, yo añadiría a la lista a Marcello, junto al que ha aparecido en un sinfín de películas.

La película habla, sobre todo, de la “donna”, y es capaz de hacerlo desde los tres vértices de un triángulo equilátero, Adelina, Anna y Mara, en tres puntos diferentes de la geografía italiana, a cual más sugerente, Nápoles, Milán y Roma. En Nápoles Sofia y Marcelo interpretan a un matrimonio que recurre a embarazarse una vez después de otra para evitar que ella vaya a prisión por un delito de contrabando de tabaco. En Milán Sofia interpreta a una arrogante millonaria mientras pasea a bordo de su flamante coche en compañía de Marcello, aquí su amante. En Roma Sofia interpreta a una alegre prostituta que se entretiene con uno de sus clientes, interpretado por Marcello, y un atractivo cura vecino suyo.

Las tres historias tienen cosas en común. Unas interpretaciones, que sin disimular su esencia cómica, huyen de la caricaturización excesiva. El esmero en ser fieles a Nápoles, Milán y Roma, cuyo resultado se traduce en un inocente deseo de viajar a Italia antes de que se acaben la títulos de crédito. El peso del personaje femenino, el argumental, entiéndase, es manifiesto en todas ellas, y no sólo por la indiscutible belleza de la protagonista.

Estamos ante tres cortometrajes con un tema en común, cuya irregular duración, la de cada una de ellos por separado, quizás sea excesiva. Y así, aunque este formato funciona cuando cada una de las historias es suficientemente corta, véase el ejemplo de paris, je t’aime (2006), cuando su duración nos acostumbra a los personajes, uno lamenta los cambios de vestuario.

Tres buenas historias, bien dirigidas, que no se necesitan las unas a las otras, aunque su visionado continuado, siempre y cuando no sea a horas intempestivas, incluso sugestiona.

Para las deadhours de los que saben que cuando se ama, se suda.

deadrate: δair

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