by zEke
Y me pregunto yo, ¿por qué no se ha rodado todavía un digno remake de una película como metropolis? Y no, no estoy desmereciendo el anime metropolis (2001) del director Rintaro, basado en un manga de Osamu Tezuka, quien mantuvo hasta su muerte que lo único que vio de la original fue el póster. No soy yo muy amigo de los remakes aunque alguno sugestivo, como las meigas, haberlo, haylo. Un remake, palabra que, por cierto, la lengua española se ha inventado, robado del inglés, para evitar decir nueva versión, se caracteriza por lo siguiente: (i) está basado en una película (o serie) que podría ser su padre o abuelo, éste es el caso de charade (1963) y the truth about charlie (2002); (ii) está basado en una película que podría ser su primo extranjero, éste es el caso de abre los ojos (1997) y vanilla sky (2001); y, aunque menos, (iii) está basado en su padre o abuelo extranjero, éste es el caso de la francesa chloe in the afternoon (1972) y la estadounidense i think i love my wife (2006). Por lo general los remakes dejan bastante que desear pues no aportan nada nuevo, nada que no sea una esperable mejoría audiovisual, desde un punto estrictamente técnico, y/o una mejor distribución. Evidentemente, cuando hablo de remakes, hablo de remakes hechos en Hollywood, tantos o menos que en Bollywood, pero mucho más frecuentes. ¿Alguien ha visto recientemente un remake indio? ¿Alguien ha visto recientemente una película india?
Y tras una breve introducción que poco, o nada, tiene que ver con la película, es momento de hablar de metropolis. Cuarenta y dos años después de que los hermanos Lumière estrenaran workers leaving the lumière factory (1985), Fritz Lang dirigió metropolis, basada en la novela homónima de su esposa hasta que se afilió al partido nazi y se divorcio de ella en 1933, Thea von Harbou.
En un hipotético futuro los humanos se dividen entre pensadores, el cerebro, y trabajadores, las manos. Los primeros bienviven en la superficie mientras los segundos malviven alienados en el subsuelo y hacen funcionar las máquinas que convierten en idílica la superficie. María (Brigitte Helm), una joven visionaria, augura la llegada de un mediador, el corazón, que consolide la armonía entre el cerebro y las manos. Y el emisario llega, Freder (Gustav Fröhlich), aunque su misión no será sencilla, pues su poderoso padre, Joh Fredersen (Alfred Abel), temeroso de una revolución, iniciará un plan que pondrá en peligro el inestable equilibrio en el que se encuentran cerebro y manos.
La película es un clásico, no sólo del cine mudo y en blanco y negro, sino también de la ciencia ficción. Son incontables las veces que ha sido referenciada de forma más o menos sutil en alguna película, blade runner (1982), sky captain and the world of tomorrow (2004) y buñuel y la mesa del rey salomón (2001) son sólo los tres primeros títulos que me han atizado la azotea. Y digo que es un clásico sin tener demasiado clara la definición del término en el argot cinematográfico, reflexión que pospongo por si algún día escribo sobre casablanca (1942). Desgraciadamente, la película de Fritz Lang no goza del beneplácito de gran parte del público, público que, por cierto, seguramente no la ha visto, bien porque es en blanco y negro, bien porque es muda. Lo cierto es que, probablemente, ellos no se pierden nada. Sí se lo pierden aquellos que saben enfrentarse al cine independientemente de sus ingredientes exclusivamente temporales.
Fritz Lang, más que dirigir, orquesta una obra en la que desde la música de Gottfried Huppertz, modernizada y omnipresente, quizás demasiado, hasta la coreografía de los casi cuarenta mil extras, están cuidados hasta el más mínimo detalle. Incluso los escenarios de cartón piedra lucen de forma diferente. Se nos propone un futuro en el que la superficie está dominada por infinitos rascacielos, trenes elevados, avionetas; en el que los habitantes de la superficie se entretienen en jardines que poco tienen que envidiar al del Edén; en el que la inteligencia artificial es una realidad. Asimismo, se nos propone un subsuelo en el que las condiciones laborales al servicio de las máquinas que alimentan la superficie son precarias y los turnos de diez horas; en el que los habitantes del subsuelo, inducidos por María, confían ciegamente en la llegada de un emisario que los acerque a la superficie, en realidad, religiosamente. En fin, ¿les suena a algo? Ni soy el primero, ni seré el último, en decir que el resultado final es, metáforas mediante, la obra de un visionario.
Al final, las casi dos horas que dura, y eso que un cuarto del metraje original se perdió para siempre, es su punto más débil. Eso y un guión que a pesar de su brillantez recurre en demasiadas ocasiones al pasaba por allí en el momento oportuno, tanto que a pesar de la magnificencia de alguno de los planos de la ciudad, uno acaba pensando que no es más grande que el pueblo de mi abuela. En cuanto a los personajes, mencionar simplemente que no huyen de lo que es común en el cine mudo, la sobreactuación, y que ninguno de ellos es Charlie Chaplin y los hay de buenos y malos. Entre los buenos especialmente atractiva es la sobreactuación dual de Brigitte Helm. Entre los malos especialmente insufrible, a pesar de su corta duración, es la sobreactuación vacía de Fritz Rasp en su papel de El Delgado.
A falta de un remake lo que han hecho es poner a la venta un DVD que traslada metropolis a la era digital.
Para las deadhours de los que creen que la ciencia ficción reflexiva se inventó con blade runner (1982).
deadrate: βery good
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