by zEke
miller’s crossing es probablemente una de las más interesantes películas de mafiosos que se ha producido hasta la fecha. Aunque no tan aplaudida y sin tanta repercusión como por ejemplo the goodfather (1972), once upon a time in america (1984), o goodfellas (1990), no tiene mucho que envidiar a éstas. En sí, supone una meritoria contribución de los hermanos Cohen a un género que ya hace algunos años que dejó de ser recurrente a pesar de las más recientes the departed (2006) y road to perdition (2002). miller’s crossing es quizás, y sin ánimo de ofender, a la amistad, lo que the goodfather a la familia.
Tom Reagan (Gabriel Byrne) trabaja como confesor de Leo (Albert Finney), irlandés y jefe del crimen organizado en una ciudad sin nombre durante los años 30. Johnny Caspar (Jon Polito), otro pez gordo, ha sido traicionado por un don nadie llamado Bernie (John Turturro) y le pide a Leo que lo elimine. Leo, a pesar de la insistencia de Johhny y la recomendación de Tom, se niega, pues Bernie es el hermano de su novia Verna (Marcia Gay Harden), que a su vez es la amante de Tom. Johnny, de origen italiano y envidioso de la posición de poder de Leo, se enfada y amenaza con comenzar una guerra. Un inoportuno asesinato destapa la caja de los truenos y se traduce en Tom confesando su idilio con Verna a Leo, Johnny arrebatando su posición de poder a Leo y Bernie suplicando a Tom por su vida. Y no se preocupen, pues no es tan complicado como este breve resumen sugiere, o sí.
El guión, firmado por Ethan y Joel Cohen, a pesar ser éste último el único que dirige, es posiblemente uno de los más sugestivos de estos hermanos de Minneapolis, además de sólido y carente de fisuras punibles. El argumento se desarrolla inteligentemente a un ritmo ni demasiado lento en su primera mitad ni demasiado rápido en su segunda mitad. Y es que éste se divide claramente en dos mitades separadas por una memorable escena que tiene lugar alrededor del minuto sesenta de metraje. La historia se nos explica sin grandes alardes técnicos si bien los más familiarizados con el cine de los hermanos Cohen descubrirán varios de sus sellos de identidad, como por ejemplo el uso de objetos inanimados en movimiento, en este caso sombreros, o secuencias protagonizadas enteramente por envolventes melodías.
Precisamente la música, compuesta por Carter Burwell, aparece y desaparece meticulosamente, hasta el punto de pasar desapercibida a la vez que sazona inteligentemente el metraje. Gabriel Byrne y John Turturro resuelven con nota sus nada convencionales papeles. Byrne, a pesar de un ligero acartonamiento, resulta meritorio como lacónico buscavidas capaz de venderse al mejor postor, no por egoismo sino por superviviencia; mientras Turturro resulta convincente en su interpretación de un sinvergüenza con ángeles de la guarda. El resto del reparto está a la altura de lo que la obra exige, si bien uno podría desmerecer la intervención de Marcia Gay Harden por no haber sido capaz de aprovechar el potencial de un personaje sobre el que descansa parte importante de la trama.
Una película, en definitiva, que hará las delicias de los amantes del género y agradará a los que a pesar de no serlo tanto, gustan de un cine bien contado.
Para las deadhours de los practicantes del amiguismo.
deadrate: βery good
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