by zEke
Chan-wook Park visita con ésta, su segunda película después del irregular éxito de su trilogía de la venganza, el dudoso género de la comedia romántica, dudoso por la dificultad que entraña etiquetar esta curiosa producción. Los que se dejaron seducir por la violencia incontestable de sus anteriores películas y la creyeron un sello de identidad del cineasta surkoreano probablemente deberían enfrentarse al largometraje con cuidado.
Son varios los intentos que el mundo del cine ha hecho de dibujar los pormenores de los locos de remate, sin ánimo de ofender, en su hábitat artificial. Sin ir más lejos recuerdo dos, one flew over the cuckoo’s nest (1975) y the princess and the warrior (2000), siendo ésta última una prima lejana de la cinta que nos ocupa, no sólo por el fondo, sino por la forma. Más cercano a la fantasía de de Tom Tykwer que al realismo de Milos Forman, Chan-wook Park recurre a un montaje visualmente cuidado en el que abundan momentos coreografiados, coloridos mágicos, escenas retrospectivas y dulces melodías, e incluso ocasionales deslices en la línea de su trilogía de la venganza.
i’m a cyborg but that’s ok cuenta la historia de amor entre Cha Young-goon (Su-jeong Lim), una joven que se cree un androide cuya misión es destruir a quienes recluyeron a su abuela en un centro psiquiátrico por creerse un ratón, y Park Il-sun (Rain), un joven que se cree con el poder de robar las habilidades del prójimo. Ambos se conocen en el manicomio en el que Cha Young-goon, quién se niega a comer por miedo a dañar su cibernético cuerpo, acaba de ser recluída.
El guión, sin ser brillante, es resultón y nos presenta amablemente a los internados en el centro, incluída la pareja protagonista, sin introducir elementos de juicio. Así, es fácil solidarizarse con sus patologías a la vez que uno se deja seducir por lo desgraciado y, porque no, humano, de sus suertes. Son pocos los altibajos de esta historia fantástica, aunque los hay, y en elgunos momenots puede resultar mediocre, sobre todo si uno no es capaz de sintonizar con la falta de cordura de los personajes. El reparto está acertado en sus intervenciones siendo probablemente Su-jeong Lim en su papel de androide quién mejor resuelve su personaje. Rain, al que veremos en speed racer (2008), está también a la altura en su papel de ladrón de habilidades. Resulta curioso, quizás no, que son los personajes cuerdos los más cojos del largometraje.
Al final del día, y sin entrar en muchos detalles, lo que a uno le queda es un interesante cuento agridulce sobre aquello que nos hace esencialmente humanos, más allá de los límites de la cordura. Y no se preocupen, pues a pesar de la aparente profundidad de esta última frase la película no se pierde en metáforas existenciales.
Para las deadhours de aquellos que saben que todos estamos locos aunque nos de vergüenza reconocerlo.
deadrate: γood
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“Cuando todo el mundo está loco, ser cuerdo es una locura.” (Paul Samuelson).